sábado, 3 de noviembre de 2012

Hacia el occidente de Ecuador y rumbo a Perú!

Continuamos después de mi visita a Misahuallí en el oriente ecuatoriano y la continuación del viaje hacia el occidente...

Ecuador me ha deslumbrado por el sinnúmero de atractivos turísticos que ofrece al visitante, todo muy bien organizado y a precios asequibles (los Parques Nacionales NO cobran la entrada por disposición de Gobierno Nacional de este país!); las sorpresas que me ha ofrecido Ecuador han sido pues más que satisfactorias y ya se me antoja regresar a hacer un recorrido exclusivo por este país que tantos secretos tiene. Muestra muy pequeña de ello es el incontable número de senderos y cascadas que tiene la vía Puyo – Baños (No por nada llamada la “Ruta de las Cascadas”). Una de las más espectaculares –sino la más- es la llamada “El Pailón de Diablo” (USD$1,50), a la cual se accede desde un caserío llamado Río Verde y después de caminar por un sendero protegido por fresca vegetación. La vista de la cascada desde el punto de acceso ya al llegar a su umbral es alucinante; no podía imaginar qué me esperaba cuando enfrentara las famosas Cataratas de Iguazú en próximos meses! 

Cascada El Pailón del Diablo

Pailón del Diabo - En persona es mucho mas "imponente"!
Pero si la vista desde la parte baja es espectacular, la sensación al ascender por los diversos balcones que dan acceso a la propia cascada es más que sobrecogedora! De repente, después de superar un estrecho túnel de unos 15 mts de longitud, por el cual hay que arrastrarse, se accede a la parte media de la caída y es posible así quedar detrás de la caída de agua! Se termina completamente empapado (lo cual incluye cámaras, y todo lo que se lleve consigo) pero con una sensación espectacular!! Recomendado!

Lo anterior sugiere un paréntesis para mencionar el tipo de cámara que uno debería llevar en este tipo de viajes; muchas veces lo pensé antes de hacer la inversión en una cámara a prueba de agua y caídas; ahora confirmo que fue no estaba equivocado! La Panasonic TS4, a prueba de agua (sumergible hasta 12m) y que supuestamente aguanta caídas hasta de 2m (no la he probado en este aspecto y no espero hacerlo), ofrece una confiabilidad en todos los terrenos que extiende los límites del viaje. Muchas de las personas que me acompañaron en el recorrido al Pailón del Diablo, o bien tuvieron que interrumpir su recorrido antes del final –para no mojar sus cámaras- o no siguieron adelante sin poder registrar esos momentos, sin mencionar aquellos desafortunados que solo maldecían cuando su cámara normal no aguantó la “empapada”.

Al llegar a Baños busqué un sitio dónde reemplazar el pito de mi moto, que al ser uno tipo corneta” se había quemado seguramente por su exposición al agua durante un par de años; desde su avería el día anterior, creo que había quedado ante los demás conductores como alguien “poco cortés” pues constantemente me pitaban saludándome en carretera y yo sin responder tenía que hacer malabares para una seña con la mano o algo para responder el saludo, sin embargo nunca era suficiente y era más fácil simplemente “devolver el pitazo”!
Así pues, en el sitio donde me cambiaron el pito en Baños me recomendaron el Hostal Montoya, que además de tarifas asequibles, ofrecía parqueadero para la moto. Inicialmente pensé en acudir de nuevo a los bomberos, pero tal vez la ubicación del hostal y la facilidad para acceder al centro cada vez que lo requiriera, me hicieron decidir por el hotel.

Una vez instalado salí a recorrer el pueblo, haciendo un ascenso por el sendero de “La Virgen”, el cual sube primero por un camino y después por unas gradas bastante inclinadas! En algún momento empecé a sentir el cansancio normal y dije “esta subida está dura!”, cuando aparece una señora anciana ya bajando! Si la señora venía bajando ya, era porque había subido! (Qué lógica tan maravillosa la mía! Jejeje), el punto es que yo con la mitad de su edad me quejaba cuando ella ya había recorrido el sendero… Tomé aliento y continué hasta  el final sin dejar de asombrarme por la entereza y condición de aquella anciana. 

María Iturralde a sus 74 años y llena de vitalidad!

De regreso, la encontré al principio del sendero y no pude evitar preguntarle su nombre y el motivo de su recorrido: María Iturralde, de 74 años y que diariamente subía, no solo hasta el monumento de La Virgen sino mucho más arriba! Pues su trabajo era en una parcela mucho más allá de ese lugar… Qué ejemplo más admirable!!
En la noche fui a los baños termales de La Virgen cuya temperatura era de 44 grados Celsius… casi pa´ pelar pollos…
Entrada a los Baños de la Virgen (Baños)

Baños termales a 44 grados centígrados!!
El día siguiente fue de pura adrenalina, que incluyó una mañana de descenso por cascadas usando técnicas de rappel, descenso libre, cuerdas, etc. (Canyoning). Se arranca con una cascada en rappel de unos 25 mts y luego las alturas aumentan hasta culminar con una caída libre desde una altura de 40 mts –aunque la cuerda limita la caída a 25 mts- para quedar suspendido a unos 15 mts… Explosión de adrenalina pura! En la tarde un ascenso en la moto a la Casa del Árbol, desde donde puede divisarse el volcán nevado Tungurahua nublado la mayor parte del tiempo (y este día no fue la excepción…)

Canyoning en Baños

A punto de caer... 45 metros!!!!

En un abrir y cerrar de ojos.. Suaz! Ya estoy abajo!!!
Vista desde la Casa del Árbol

Columpio en Casa del Árbol
Al regresar, me ofrecí a llevar a Lieke Kijk, una viajera holandesa que se encontraba en el mismo sitio; la charla se prolongó hasta la noche intercambiando experiencias de viajes pasados e información para el resto de nuestros viajes.
Con la intención de visitar el Lago Quilotoa, madrugué el día siguiente pero me encontré con una intensa lluvia que amenazaba con prolongarse durante todo el día… Cuando confirmé que esa lluvia no iba a acabar pronto, simplemente decidí  arrancar y poner a prueba mi equipo de lluvia; todo marchó bien a  excepción de la parte baja de la chaqueta, donde se empoza el agua y que con el tiempo termina pasando. Después de conducir muy lentamente por espacio de 3 horas, paré en Latacunga para conseguir un té o aguapanela caliente, allí llené mi termo y cambié mi camisa por un buso y me puse la chaqueta impermeable por debajo de la chaqueta de la moto; en adelante no volví a tener inconveniente por lluvia.
Después de tomarme la “aguapanelita” fui a prender la moto y nada…. Y ahora? Si estaba bien y ahora no daba nada de nada… Qué iba a hacer? En cuestión de segundos calculé qué tan lejos estaba de Quito, cuánto podía tardar en conseguir un taller donde la revisaran? Sería grave el daño? Recordé entonces una historia de Camilo de una moto a la que se le dañó el sensor de la pata y que impide prender la moto cuando está en primera, revisé la pata y efectivamente no estaba recogida completamente; la ajusté y enseguida prendió! Fue más el susto del momento!
El clima mejoró a medida que ascendía la montaña y con él los paisajes, llegué al Quilotoa a eso de las 2:00 p.m. y me encontré con una vista espectacular de una laguna de color verdoso en medio de un cráter inactivo. La visita a ese sitio había valido las horas bajo la lluvia y el susto de la supuesta varada… Gran recompensa!

Lago Quilotoa - Ecuador
Mi destino ese día era Quevedo, adonde llegué al final de la tarde y buscando el cuartel de bomberos en donde nuevamente encontré la hospitalidad de este organismo; incluso me dieron una vuelta por la ciudad mientras ellos hacían un par de diligencias que desafortunadamente no incluyeron atención a incendios, pues por un momento me imaginé en medio de la “acción”…

Una vez mas, en bomberos! Quevedo (Ecuador)


Boberos de Quevedo - Mayor Juan Macías Rivera
Como sabía que Quevedo no ofrecía mayores atractivos turísticos, decidí continuar mi viaje muy temprano al día siguiente con destino a la costa pacífica ecuatoriana, para recorrer la famosa Ruta del Sol o ahora llamada Ruta del Spondylus (por el alga que abunda en la zona), desde Manta y hacia el sur.
No imaginaba que la carretera entre Quevedo y Manta, por lo menos hasta La Maná, se convertiría en la peor carretera de todas las transitadas hasta el momento! No es carretera, es una trocha con residuos de pavimento con baches cada 10 metros por todos los lados de la vía, lo cual nunca permite desarrollar una velocidad siquiera adecuada… Al final se convirtió en un ejercicio de paciencia y la confirmación de la famosa “ley de la compensación”, que equilibraba el alto nivel de las maravillosas carreteras hasta el momento transitadas.
Desde Manta inicié mi recorrido por El Spondylus, con un nuevo aire transmitido por la cercanía del mar! Después de rodar en la sierra por un par de semanas y con la nostalgia de dejar atrás paisajes tan hermosos, me aventuraba ahora por nuevas rutas costeras con el mar como compañero durante los días venideros.

Primer contacto con el mar!!

El mar! O “La Mar” como algunos le llaman… Tenía mis reservas, pues hasta el momento mi experiencia con las playas del pacífico se limitaba a las colombianas, cuya arena es oscura o a islotes como Malpelo –donde el mar es azul pero sin playa-. Pero lo que encontró superó mis expectativas con playas de arena clara y un azul verdoso en su mar que iguala hermosas playas del Caribe. El recorrido por la Ruta del Spondylus es por una carretera pavimentada que alterna tamos a la orilla del mar con otros más al interior; los más hermosos son aquellos donde ese mar se convierte en el compañero de viaje…

"Gajes" del oficio...
En la población de Puerto Cayo, o más bien, unos kilómetros antes de ella empecé a ver una serie de viviendas muy lindas a orilla del mar y decidí dar un paseo por ese sector. No calculando la densidad de la arena en el primer tramo y con la moto completamente cargada inmediatamente me quedé varado en la arena, completamente enterrado! Bajé las maletas y con mil esfuerzos pude sacarla de allí para mejor parquearla en un sitio más firme.
La belleza del sitio y su tranquilidad me hicieron pensar que pasar la noche allí sería estupendo, pero dónde acampar? Pues era una zona privada y no había sitios de camping por el sector. Haciéndome un poco el loco, me fui curioseando entre casa y casa para ver si había algún sitio donde poner la moto y armar la carpa. La verdad la estaba viendo complicada pues tampoco quería arriesgarme a que ya en la noche, con carpa armada y todo, un guardia me hiciera retirar mis cosas del sitio. No había nadie a quien preguntar en ese momento, pero unos minutos más tarde salió alguien de una casa e inmediatamente le pregunté si era posible acampar en la zona; Fernando Zambrano, el casero de esa vivienda me dijo que en la playa no habría problema, pero que por seguridad podía dejar la moto en la terraza de la casa y que armara la carpa lo más cercano posible de esa terraza (y que gritara si necesitaba ayuda! Por si acaso!). Instalé la carpa y tenía así, desde mi habitación una vista envidiable, donde el único sonido que rompía el silencio nocturno era el de las olas del mar rompiendo en la playa.
La esposa de Fernando cocinó arroz con camarones y otros frutos de mar y me llevaron un generoso plato a mi carpa! Qué suerte!

Camping en Puerto Cayo

Habitación con vista al mar...

Parking personlizado!

Con Fernando Zambrano - Puerto Cayo
Al otro día continué mi recorrido hacia Montañita, el sitio recomendado por muchos y que se había convertido en un enigma para mí. Qué tenía aquel sitio que enamoraba a viajeros de todo tipo? Pronto lo descubriría…


Noviembre 01
Ya pasó Halloween? Y eso? Definitivamente uno pierde la noción del tiempo y solo hasta ahora me doy cuenta que han transcurrido más de tres semanas desde mi salida de Pereira y que no me atrevo a mirar el itinerario original, pues sé que estoy atrasado… Pero en el fondo, me alegra saber que el tiempo, que siempre fue un limitante en mi estilo de vida, no juegue ese papel preponderante en este viaje y que todo transcurra “sin afanes”.
Dónde estaba? Ah, Montañita…
El 26 de octubre, después de estar rodando dos días en la “ruta del sol” aun no había ni rastro de sol! Conduje despacio desde Puerto Cayo hasta Montañita, pasando por pueblos de pescadores distribuidos en la costa ecuatoriana, antes de llegar a Montañita. A la altura de Los Frailes tomé un desvío para conocer la playa del parque Machalilla, la cual ofrece acceso a un mirador y es un sitio excelente para tomar un baño y relajarse un rato; ofrece baños, zona de parqueo, vestieres y por ser Parque Nacional ya no cobran la entrada!

A la entrada al pueblo vi un aviso de camping y pasé por el sitio para “tantear” las condiciones. El propietario Antonio (Camping Los Tigrillos) me dijo que había otro motociclista de Colombia acampando; la tarifa se ajustaba a mi presupuesto y contaba con las instalaciones básicas (duchas, cocina y un sitio para parquear la moto). Después de un pequeño recorrido buscando otras opciones, decidí instalarme en Los Tigrillos.

El sitio de camping –como casi todo Montañita- es  frecuentado por “mochileros” de todo el continente, argentinos artesanos, brasileños malabaristas, colombianos pintores, etc… Al parquear la moto se me acercó un “pelao” que casualmente era de Pereira, dijo estar viajando en compañía de un amigo y que hacía trabajos de pintura (tanto de brocha gorda como de pincel y arte) en el pueblo; me tomó por sorpresa que se refiriera a mí como “cucho”, “cucho” esto, “cucho” lo otro y así… No recuerdo que alguien antes me hubiera dicho así y sentí un poco herido mi orgullo juvenil; después entendí que él se refería a todos usando esa palabra, inclusive a los de su misma edad o más jóvenes y ello me tranquilizó un poco, jajaja. También me dijo que el motociclista colombiano que estaba en el camping era un caleño que le estaba dando la vuelta al mundo en un moto china. Inmediatamente supe quien era el personaje: Jorge Osorio, del cual ya había escuchado la historia y había leído un reportaje publicado por Bimotos. Instalé la carpa y dejé todo asegurado (uno nunca sabe y por lo menos el primer día, mientras se conoce el entorno es mejor pecar de precavido) y me fui a caminar al “centro del pueblo”, es decir, yo estaba en el extremo norte y el centro me quedaba a tres cuadras! Qué lejanía!

No tuve que caminar mucho para encontrar a Jorge, quien tenía la moto parqueada en una céntrica calle y se entretenía haciendo alguna artesanía que había aprendido y que a la postre la significaría algún ingreso. Le comenté en qué andaba y hablamos un largo rato, quedando en que nos encontraríamos luego para dar una vuelta por el pueblo. Luego, aprendí que Jorge tenía un presupuesto más reducido que el mío porque de hecho ya se le había acabado la plata! De todas formas pensaba soportar su existencia con un estilo de vida tipo”mochilero”, lo cual incluía trabajar en diferentes sitios hasta reunir dinero para llegar a su siguiente destino. Cuando me preguntó qué iba a hacer yo cuando se me acabara a plata, debí confesarle que aun no tenía un plan, peri que llegado el momento no me podía varar… Espero que no llegue y que mis ahorros, bien administrados alcancen para mi travesía! Jejeje…

En la noche, siendo un viernes, Montañita empezó a mostrar su cara, o más bien sus caras! La bohemia, la rumbera, la cosmopolita y muchas más. La bohemia está representada por todos los artesanos, malabaristas y en general,  aquellas personas que a través de algún oficio manual  aprendido después de largos años o improvisado en un par de días- ganan el sustento para “sobrevivir”. Desafortunadamente, para muchas de esas personas tal “sustento para sobrevivir” se limita a unos cuantos dólares diarios para pagar su alojamiento, tal vez consumir una comida y, de manera infaltable, adquirir su dosis necesaria de alucinógenos en cualquiera de sus expresiones. Es una triste realidad, pero la realidad al fin y al cabo; donde –repito-algunos de ellos solo tienen tal objetivo. No quiero parecer puritano o juzgar a aquellos que llevan tal estilo de vida, pues a la vez se muestran como personas auténticas y son sinceras y sencillas en su trato interpersonal, pero es inevitable ver las cicatrices que el uso continuo e indiscriminado de drogas y licor ha dejado en sus vidas… Rostros con un “rictus” permanente y una expresión en los ojos, que hace a veces pensar que ya no pertenecen a este mundo…

Montañita te conquista y absorbe sin esfuerzos; hay de todo y para todos: Surfing en un ambiente muy relajado, artesanías en cada calle, comida para cada presupuesto; visitantes de toda nacionalidad confluyen en este coctel de extremos y contrariedades que parece ser reflejo de la vida misma…
Esa noche intercambié información con otros viajeros y residentes de la zona; cada quien con su opinión de qué debía o no visitar en mi ruta al sur. Un rato después, se acercó Jorge a donde yo estaba y me dijo: “Mañana a las 10:30 vamos a dar un paseo con unas chicas que acabo de conocer! No me vaya a quedar mal!” Ja! Y a qué horas salió este man tan rápido? El plan era visitar un pueblo cercano de artesanías y una cascada aparentemente muy linda en la zona. Esa noche me fui a dormir casi a las 3:00 a.m. sin saber a qué horas había transcurrido todo ese tiempo… Bueno, después de todo estaba en Montañita y allí el tiempo no cuenta.

La carpa había sido instalada intencionalmente contigua a la de Jorge, por lo que al levantarme éste se percató y me recordó el “importante compromiso de las 10:30”. Después de un buen desayuno preparado en la zona común y de compartir una charla con otros viajeros, salimos a encontrar a las “chicas”. Aunque veía que la intención de Jorge no era armar un “parche” con estas chicas que yo ni conocía, y ello me tranquilizaba un poco simplemente porque no quería “enredos en el viaje”, aun estaba un poco reticente al plan que me habían armado. Yo le había bajado las maletas para rodar más liviano y porque Jorge me había dicho que íbamos por unas montañas puy pendientes (que él ya conocía del día anterior). Muy puntuales estuvimos en la esquina pactada para nuestra cita a las 10:30, allá nos estaba esperando Erika, una sudafricana a quien recordaba de la noche anterior por haberme entregado un volante para una fiesta en un bar donde ella trabajaba; de la otra chica, una chilena, no había ni rastro! Después de esperar un rato decidimos partir, Erika decidió irse en la moto de Jorge (la moto de Jorge se llama “Milú”), como yo no estoy acostumbrado a llevar parrillero y no me gusta mucho la idea de tener esa “responsabilidad”, me sentí un poco aliviado.

Tal y como Jorge lo había pronosticado, la ruta era por un destapado bastante agreste, después supe que la ruta era aquella por donde ha sido instalada la tubería del poliducto y obviamente cruza la montaña por el sentido más corto, sin tener en cuenta la pendiente! Así que las famosas subidas y bajadas de las que Jorge me hablaba antes, se materializaron ante mí como un reto que evaluaría mis habilidades como motociclista de off-road (destapado).

Subidas y bajadas que generaban cierto vacío en el estómago!!

A ver… entendamos: Yo no soy un motociclista consumado ni experto en las lides del on/off road, como la gran mayoría de viajeros que emprenden este viaje en moto y quienes toda su vida han tenido moto y viven por esa máquina en dos ruedas; mi experiencia es limitada y me considero un conductor demasiado prudente y que no se siente atraído “ni cinco” por la velocidad. Pero este reto era diferente, era de manejo de la moto y por terrenos que no involucraban velocidad sino pericia… me empezó a gustar la idea…
Jorge se lanzó primero pues él ya conocía la ruta, yo le dejé seguir adelante pues aun desconfiaba de mi “pericia” y solo quería imitarle en su maniobrar. La primera subida, que en la base se veía inclinada, se tornó aún más al momento de acelerar, parecía una pared pero era demasiado tarde y sólo podía seguir acelerando para no perder tracción; la adrenalina a su vez impedía siquiera pensar en lo que hacía y solo acataba seguir acelerando para llegar a la cima. Fueron unos cuantos segundo pero pareció una eternidad! Al terminar esa primera subida mi corazón palpitaba a millón y me sentía extasiado por ese “rush” de adrenalina  con olor a gasolina… Una vez en la primera cima descubrí que no había marcha atrás, pues si la subida me había producido cierto susto, con la bajada que venía ahí si el “orto” me “hicho achí…” Y ni modo de devolverme porque era casi igual… Dejé nuevamente que Jorge bajara primero, dejando una distancia considerable entre las dos motos, por si él caía o por si yo me le “iba encima”, arranqué y de una empecé a sentir el vértigo del descenso! Cuando voy en bicicleta me gusta bajar por cuanta trocha se atraviese, pero en caso extremo suelto la cicla y salgo dando botes por encima o si doy una vuelta campana pues no hay tanto problema… pero con la moto? Ni pensarlo! En primera y medio tocando el freno delantero, a veces el trasero pero sin bloquear la rueda, ahí fui haciéndole hasta llegar a la parte baja; por lo menos ya estaba la primera cuesta! Cuántas faltaban? Ni idea, pero quería más! Uno a uno me fui familiarizando con cada ascenso y descenso, ya tenía un poco más de dominio y técnica, pero aún sentía ese vacío en el estómago cada vez que iniciaba uno y otro. En uno de los descensos la moto empezó a ir más rápido y yo estaba muy cerca de Jorge, por más que aplicaba los frenos ya éstos no actuaban y la distancia era cada vez más corta; solo acaté pegarme del pito pidiendo pista pues ya no había cómo detener la moto ni desviarme pues los canalosnes laterales me hubieran hecho caer de inmediato, solo controlarla en un descenso sin freno. Finalmente Jorge dejó ir su moto un poco más rápido y yo pude esquivarlo en el último tramo llegando solo unos pocos centímetros detrás de él.

Pero fue el último descenso el más agreste de todos; no solo era el más largo sino el que tenía terreno más suelto! Esta vez di una distancia exagerada a Jorge para evitar inconvenientes como el anterior, pero no contaba con el mínimo –casi nulo- agarre en esta superficie. A medio recorrido ya noté que ni motor ni freno iban a detener la moto, empecé a aplicar el freno trasero más fuertemente pero me bloqueó la llanta y de inmediato derrapé! La moto se fue sin agarre alguno “bailando” de cola hacia el lado derecho; ¡Aquí fue!” me dije… En una fracción de segundo imaginé cómo era que iba a caer, cómo iba a hacer para no quedar debajo de la moto, alcancé a calcular cómo podía ser mínimo el impacto para que nada se dañara… y mientras tanto la moto de “culos pa´l estanco”! No sé cómo, tal vez instinto o alguna técnica aprendida en bicicleta, hice unos movimientos del cuerpo que compensaron el desbalance de la moto y ésta volvió a tomar su posición original, una vez así, decidí simplemente dejar que la moto se fuera y controlar el descenso a punta de manejo sin nada de freno, por lo cual l último tramo parecía ser más una película de enduro downhill que un descenso controlado! Otra dosis de adrenalina, suficiente por un día en el que aún esperaba llegar a mi carpa en una sola pieza…

Ya después fuimos a diferentes miradores desde donde se pueden observar las playas norte y sur de Montañita que, con un sol radiante (por fin!!!), se mostraban en toda su plenitud. Las chorreras de Dos mangas, sitio al que pensábamos ir distaban 2 horas caminando y debíamos contratar un guía, por lo cual desistíos del plan y optamos por “tarde de playa”.

Playa al norte de Montañita

Sector Fralies (Camino a Montañita)

Frailes (Parque Nacional Machalilla)

Con el sol reinante ese día y lo que había visto en Montañita, decidí que era suficiente; sentía que debía dirigirme al sur lo antes posible ya con ánimo de cruzar la frontera y dejar atrás –aunque con inmensas ganas de volver- la costa ecuatoriana.

Tarde de playa en Montañita

Con Jorge Osorio, el osado trotamundo

Nuestra modelo Erika... La interpretación del aviso la dejo a su juicio...

Esa noche, a pesar de ser sábado y Montañita era un hervidero de gente –ya desde la tarde con tragos y excesos- me fui a dormir temprano para estar fresco en mi recorrido del domingo.
Ese domingo 28 de octubre, lo primero que hice después de salir del camping fue buscar una cabina telefónica para llamar a mi adorada mamá en su cumpleaños; fue un poco difícil por la hora y día, pero finalmente logré hablar con ella haciéndole saber de paso que todo marchaba bien.

Con paso relajado (como siempre) recorrí el resto de la costa sur, pasando por Valdivia, Monteverde y otros poblados, hasta llegar a la Libertad. Originalmente tenía intención de conocer Salinas, pero por referencias de que era un centro turístico muy desarrollado y “parecido a Miami” decidí obviarlo, pues de eso ya he tenido antes… Busqué un paso perimetral que circundara Guayaquil, pues no quería entrar a esta ciudad de la cual solo tenía malos reportes de viajeros y locales –Nunca sabré de qué me perdí, pero consecuente con mi plan original, sigo evitando las ciudades grandes, con caos vehicular y/o potencial de ladrones-.

Busqué la ruta que pasando por Puerto Inca, me llevara al Parque Nacional Cajas, de camino a Cuenca. Esta ruta toca la Reserva Nacional Manglares-Churute, donde se puede acampar y tiene lindos senderos; sin embargo, aun era temprano y se me hacía más atractivo acampar esa noche en el PN Cajas, por lo que continué mi recorrido.

A eso de las 4 de la tarde la carretera, que hasta ese momento no mostraba signos adversos, se vio envuelta en una espesa neblina que no permitía ver más allá de unos cuantos metros; la conducción se hizo lenta, no solo por la neblina, sino porque el visor permanecía constantemente mojado debido a la condensación externa, haciendo aun más difícil ver. Con visor arriba, mi rostro permanecía empapado... no sabía qué era peor. Con mucha calma y paciencia, fui recorriendo metro a metro esa carretera que parecía interminable hasta que, tal como apareció, la neblina simplemente “desapareció”. Un sol radiante que se divisaba por encima de ese manto de neblina ubicado a menor altitud, dejaba ver un paisaje imponente en el cual, como un tapete de algodones las nubes o neblina más bien, servían de piso a las montañas que se erguían imponentes a mayor altitud. En ocasiones, en una que otra curva, ráfagas de viento cortado hacían que la neblina ascendiera y descendiera súbitamente, cual danza fantasmal.




Paisajes camino a Parque Nacional Cajas

Empecé a sentir frío, el altímetro marcaba los 3.800 msnm y me detuve en un pequeño restaurante donde cambié guantes y llené mi termo de chocolate caliente. Unos kilómetros después llegué al punto de control del Parque Cajas y pregunté dónde era la zona de camping; oh sorpresa! cuando el guardia me informó que el acceso ya no era posible; que continuara hasta Cuenca! Yo me rascaba la cabeza pensando qué camino tomar; al final decidí buscar por mi mismo un sitio dónde acampar, lo que era yo esa noche acampaba en el Cajas!
Iban a ser las 7 de la noche, así que transitando muy atentamente encontré el acceso a la Laguna Toreadora, donde aparentemente había un sitio para visitantes, la cadena estaba puesta pero la moto podía pasar por un lado. Sin embargo, la dejé en la entrada y me dirigía pié hacia la cabaña. Al vigilante (Pedro) le expliqué que era de Colombia y que desde que había salido de Colombia tenía planeado pasar la noche en este parque, que entendiera, que el viaje por Suramérica y que mil cuentos más… el hombre no se decidía a autorizarme la entrada hasta que accedió; por venir desde tan lejos, iba a hacer una excepción! Yo le dije que tenía carpa, que dónde era el sitio para armarla y él contestó que de todas formas el costo era el mismo para carpa o para uso del refugio… Refugio?? Quéee??? Eso si era una buena noticia! El refugio tenía cama, cocina y me obviaba tener que armar carpa a esas horas de la noche. Inmediatamente tome esa opción y me instalé; cociné, escribí un rato y me acosté. 

El refugio está a casi 4.000 msnm y para la hora en que me acosté, la temperatura casi llegaba al puto de congelación de Cero grados! Yo había hervido agua y la había envasado en un botella de 1.5 litros, con el ánimo de tener agua potable para el camino, pero con ese frío tan tenaz y esa cama helada, solo acaté meter la botella en el sleeping bag. Ese fue el mejor antídoto frente al frío: me calentó los pies y de vez en cuando la movía dentro del sleeping hacia otras partes del cuerpo.
 
Así pude pasar la noche en el Parque Cajas, como me lo había propuesto y caminar a través de sus montañas y senderos la mañana siguiente. Caminos que invitaban a perderse a través de bosques de Polylepis (árbol de papel), rodeando lagunas y escalando cerros. Desafortunadamente los mejores senderos toman más de un día en ser explorados y requieren una logística más complicada, por lo que me quedé con el aperitivo y decidí continuar mi ruta hacia Cuenca.


Laguna Toreadora (PN Cajas)

A unos 45 minutos de camino, Cuenca me recibió con un clima más cálido que el experimentado en el Cajas; busqué el cuartel de bomberos pero me informaron que allí estaba prohibido el acceso a personal no perteneciente a esa institución. El oficial fue categórico y un poco tajante en su información, aunque accedió a darme el nombre del comandante y el sitio donde podía ubicarlo. Después de evaluar los pros y contras (tiempo de desplazamiento, posible respuesta del comandante habiendo tenido ya una dosis por parte del oficial en el cuartel) decidí mejor caminar por Cuenca durante una horas y continuar hasta Loja, para probar suerte en esa ciudad.
Hay que abonarle al oficial de bomberos de Cuenca que me dejó guardar la moto mientras yo caminaba por un par de horas…

Una siesta en el trabajo... (Mercado de Cuenca)

A eso de las 3:00 de la tarde arranqué para Loja, probablemente mi última parada en Ecuador! La carretera entre Cuenca y esta localidad es muy buena, con pavimento en concreto rígido y curvas anchas, a través de ascensos y descensos con hermosas vistas de uno y otro lado de la meseta que atraviesa.

Paisaje entre Cuenca y Loja

Al llegar a Loja y cuando me disponía a preguntar por el cuartel de bomberos, se fue la energía en toda la ciudad! Acaté preguntar a un policía que se movilizaba en moto y éste, además de ser muy amable en su respuesta, decidió llevarme hasta el mismo cuartel. El comandante de bomberos de la unidad central autorizó de inmediato mi estadía, pero recomendó que por espacio, comodidad y tranquilidad, me desplazara hasta la sede norte. Una ambulancia me fue asignada para que me sirviera de carro guía a través de la ciudad y mientras yo la seguía, solo esperaba que esa ambulancia no recibiera una llamada de auxilio en su radio y arrancara a toda m… olvidando que yo iba detrás!
No hubo tal llamada de auxilio y llegamos tranquilamente a la sede norte, el teniente Guillermo Langui, me asignó un colchón y me instaló en una oficina donde podía descansar tranquilamente. Una vez más –y lo repetiré hasta el cansancio-, mis agradecimientos a los bomberos de Ecuador, que abrieron sus puertas y corazones a este viajero Colombiano!

Bomberos de Loja - Teniente Guillermo Langui

Esa noche cerraría mi capítulo Ecuador en mi travesía y se abría el interrogante Perú… Las anécdotas de este nuevo país harán parte de la próxima crónica de viaje; estén atentos!
Fuerte abrazo para todos desde la ruta!

3 comentarios:

  1. Que buen recuento hermano, toca publicar un libro acompañado de esas fotos tan buenas, un abrazo y estamos pendientes de más!!!

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  2. Hola Jorge:

    Un poco atrasado en leer tus fantásticas anécdotas y buenas fotos. Qué buen paseo el que te estás dando! Y me imagino que entre más al sur vayas, más aventuras vas a encontrar, porque estás viajando de manera que las estás BUSCANDO. Ojalá yo hubiera sido tan aventurero como tú, aunque no me puedo quejar.

    He podido ver que en varios casos has aplicado la experiencia aprendida de otros que fueron primero que tú, eso me alegra mucho. El altímetro, el termo para cargar líquidos calientes, etc. Vamos a ver qué mas buenas prácticas te aprendo para mi próximo viaje.

    En este momento debes llevar ya una semana en Perú, maravilloso. Vas a gozar de lo lindo.

    También veo que no tienes inconveniente en escribir largo. Eso te dá satisfaccione a tí y entretenimiento a nosotros. Gracias por las detalladas historias.

    Ah!, y la Pajiza estaba buena?

    Un abrazo, Santiago

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  3. Me encanta leer toda esta experiencia que estas teniendo,mi cara cambia de aspecto a medida que voy leyendo, sonrio, me asombro,y hsta me agustio, ps con la historia de la subida y bajada cuando ibas con Jorge y la Pajiza jajajajaja...en fin, que susto!!....por favor cuidate mucho!!
    Los paisajes hermosos, y en tu cara se ve lo feliz que estas, eres un guerrero, te admiramos mucho.
    Un abrazoteee

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